lunes, septiembre 29, 2008

Tres Césares y un Chávez en el barrio del Once

Por Miguel Antonio Chávez

Para César, Diego y Patricio,
desde la “Choza de la esperanza”



Y así fue como cinco años después, me hallé de nuevo en Buenos Aires, de sentir su pulso de hiperactividad, de la gente más disímil que nunca deja de brotar por Corrientes, y para ser más preciso, en una intersección con Boulogne Sur Mer, en un café esquinero, pleno barrio del Once, en esta ocasión con César Aira, sentado del otro lado de la mesa. Aquel que no acostumbra conceder entrevistas a la prensa argentina, salvo rarísimas excepciones, aquel ser cuasi fantasmal que ha evadido por completo la vida social literaria porteña, había accedido gentilmente a pasar por mí el sábado de tarde, por el domicilio de César Vásconez, donde me quedé ese finde. ¿En verdad pasaría? ¿Se convertiría esto en una impredecible ficción aireana? Con preguntas como esas acechaba a César, amigo y crítico quiteño, residente en Baires desde la época en que ya me había marchado, generoso anfitrión en su “Choza de la esperanza”, donde el azar y Patricio Burbano lograron que me instalara en esta última visita mía.

Esperar en ciudad ajena es un acto de fe, uno es una canica que se pierde en un inmensa tela negra oscilante. Esperar en ciudad ajena al creador de sesenta y pico –y aumentando– de novelas que cada vez refuerzan más su mito de vida, métodos y obra, no es cosa fácil porque todas las variables se vuelven más azarosas, como azarosos pueden ser los cafés en Buenos Aires donde el que juega de local y el visitante puedan encontrarse. Solo hace falta alzar la vista y elegir uno, porque hay uno en cada esquina de la ciudad de la furia.

¿Me olvidé de Aira? Claro que no. Aún en el caso de que hubiera llegado tarde a la cita, él ya habría acudido puntualmente, desde mucho antes, desde que su extravagante voz de narraciones progresivas me hablaba ya en “novelitas” como La costurera y el viento, El mago, Cumpleaños, Las curas milagrosas del Dr. Aira, Las noches de Flores, Los dos payasos, La guerra de los gimnasios, La cena... Pero ese no fue el caso, a las cinco de la tarde estaba ahí, elegimos el café y empezamos a hablar. Bueno, en realidad él empezó. “Parecen dos ecuatorianos”, dijo, con una fugaz sorna juvenil, “¿Cómo así eligieron vivir en el gueto de los judíos?” [en el barrio de Once se da la mayor concentración de este comunidad]. Aira, mirando a todos lados del café y la vitrina que daba a la calle (así era su mirada, acaso tímida o ubicua), explicó que en la mitad del s.XX, Buenos Aires había sido, luego de Nueva York y Varsovia, la ciudad con más judíos en el mundo, aunque esta población emigró significativamente a raíz de la última dictadura y la crisis del “Corralito”. De hecho, la delicada situación con los grupos islámicos, recrudecido con el atentado a la AMIA, ha redoblado la seguridad de las sinagogas. De hecho, está prohibido siquiera fotografiarlas por fuera. Mi cámara casi resulta incautada, de hecho.

La foto frustrada, en una sinagoga del barrio de Once.

Yo sonreí, pero también calculé. ¿No será que Aira nos estará haciendo un “escaneo” mental para transplantarnos subrepticiamente al mundo de la liebre legibreriana, del malvado Dr. Actyn, o del provincialismo bizarro del pueblo-universo de Coronel Pringles (el cual, viéndolo en perspectiva, me recuerda a la seria televisiva de inicio de los 90, Eerie, Indiana)? No, no, sería darnos demasiada importancia, o cargarnos de demasiada paranoia. La normal, no más. Un sorbo de café para calmarla.

“Ah, ¿venís para la Feria de Córdoba? Qué bien... A mí también me invitaron”, dijo revisando sin tanta preocupación su agenda mental. Le pregunté, entonces, si iba a asistir. Aira hizo una mueca, honrando su actitud “underground”. Luego recordó la vez que, meses atrás, sugerí su nombre para que sea invitado a la feria Expolibro de Guayaquil, hacia la que mostró interés y curiosidad, aunque un compromiso previamente adquirido en Santander, España le impidió ir. Su cara serena se trastocó al recordar esa experiencia. Fue casi tajante, no volvería a esos trotes. Le había tocado como alumnas el típico grupo de señoras acomodadas que cultivaban la literatura con la misma profundidad que la el feng shui o las flores de Bach. Aira se descompuso, en serio, solo de recordar que una de las alumnas se jactaba de que si solo tuviera que salvar un libro en una isla desierta, ese sería “Platero y yo”. Aira la quería matar, pero luego comprendió que ese testimonio podría ser la semilla de otra “novelita”… “Tengo preparada una nueva respuesta para las entrevistas y, aunque podría parecer un poco misógina, sería así”, me dijo: las mujeres novelistas son como los músicos blancos de jazz, por más que hagan dinero interpretándolo nunca llegarán a la maestría de los negros, los mismo ocurre con las primeras.

Más allá de esta boutade, supongo lo incómodo que habrá sido para un creador tan poco convencional como él, aunque tampoco le ha sido extraña la docencia, ya que a raíz de unas charlas impartidas en el Centro Cultural Rojas de Buenos Aires, allá por los noventa, surgieron los que luego serían sus libros de ensayo Copi y Alejandra Pizarnik (el primero sobre el casi desconocido artista y dibujante argentino radicado en Francia; y la segunda, de la poeta, su amiga, a quien quería hacer justicia hablando de su obra y no del mito de la frágil y la suicida). Precisamente su etapa de ensayista, como la de traductor, son facetas muy interesantes y poco conocidas de él. Hasta que me lo contó, no supe que él había realizado la traducción (para la editorial española Pre-Textos) de Manuscrito encontrado en Zaragoza, del polaco Jan Potocki, escrita originalmente en francés, novela gótica, erudita y hasta erótica, considerada una de las obras maestras perdidas del s.XIX y debido a que fue hallada por partes, no se la había podido traducir íntegra.

Las editoriales independientes. Ese es otro campo en que Aira bucea con placer y en donde ha logrado conquistar, digámoslo con términos marketeros, un atractivo “nicho de mercado”. Por él supe lo que hasta ese momento era un secreto a voces en Argentina (días después se hizo público): la venta de la editorial Interzona y su consiguiente cambio de orientación editorial, dependiendo del nuevo dueño (los candidatos son desde mecenas argentinos hasta multinacionales). Ahí Aira había publicado Yo era una chica moderna y Yo era una niña de ocho años. Iba a sacar más obras ahí [como ocurrió en el catálogo de Beatriz Viterbo, cerca de una decena] pero Damián Tavarosky –el editor y único lector, y de paso compadre, ya que Aira es padrino de su hija– “me dijo, traéme otra novela, pero que sea de las buenas”… En Argentina, al igual que en Chile, Perú, Ecuador, México, Colombia, Venezuela, etc, editoriales “independientes” como Beatriz Viterbo, El cuenco de plata, Tantalia, Paradiso, Bajo la luna, Entropía y Mansalva, dan a conocer principalmente a autores rioplatenses contemporáneos, al igual que figuras reconocidas como Washington Cucurto o el poeta Arturo Carrera, oriundo como Aira, de Coronel Pringles. “Fui jurado, con Daniel Link y Alan Pauls de certamen Indio Rico 2007 de Entropía, donde premiamos Berazachussetts, novela de Leandro Ávalos Blacha, me encantó, muy buena y divertida”, dijo. Mansalva, dirigida por el poeta Francisco Garamona (a quien tuve el gusto de conocer años atrás en Quito, en una lectura poética a la que Buseta de papel fue invitada en la Alianza Francesa), cuenta con el apoyo de Aira, en donde ha publicado El pequeño monje budista y La nueva vida, esta última “es una de mis novelas mejor construidas, que mejor quedó, hay un equilibrio entre lo técnico y el vuelo”. Con Carrera, Cucurto y otros, apoyó también el hoy legendario –y extinto– proyecto de Eloísa Cartonera (que se ha extendido con otros nombres por Bolivia, Brasil, Perú), portadas confeccionadas con cartón de embalaje y pintadas a manos y fotocopiadas por autorización de cada autor, como una forma de ayudar económicamente a los cartoneros y volver más accesibles los libros, con un valor agregado. “Pero al inicio fue muy criticado. Nos acusaron que estábamos estetizando la miseria”
Hablando de libros, le dije, estos son para ti. Y le di unos cuantos ejemplares de la colección Campaña de Lectura Eugenio Espejo, que dirigió Iván Egüez. Una selección de cuentos del poeta César Dávila Andrade, de Pablo Palacio, entre otros; autores con los que ya se había familiarizado en su Diccionario de autores latinoamericanos. Eran tres Césares con quienes yo estaba compartiendo la mesa. Aira, criatura escurridiza que emerge de su mar para conversar con los jóvenes, que ahora conoce que en Ecuador tiene un grupo apreciable de lectores, que está preparando una obra ensayística sobre Marcel Duchamp (que lo tiene muy ansioso, sus ojos lo delatan), insistió en pagar la cuenta y se despidió. Lo esperarán con subrepticia fe en otros conversatorios, mesas, eventos, ferias, seminarios; aunque ya saben lo que les dirá. Shalom.

miércoles, septiembre 24, 2008

III Encuentro de Poesía Latinoamericana Actual en Santiago de Chile


Se viene el III Encuentro de Poesía Latinoamericana Actual en Santiago de Chile Poquita Fe 2008, del martes 7 al domingo 12 de octubre del presente año. La lista de invitados de toda Hispanoamérica es extensa, por ejemplo jóvenes poetas reconocidos como Alan Mills (Ciudad de Guatemala, 1979), Paul Guillén (Ica, 1976) o Andrea Cote Botero (Barrancabermeja, 1981) junto a poetas chilenos de bastante trayectoria como Paz Molina (Santiago, 1945) o Raúl Zurita (Santiago, 1951). Entre ellos tres jóvenes poetas ecuatorianos están invitados: Augusto Rodríguez (Guayaquil, 1979), el ecuatoriano-colombiano Fabián Darío Mosquera (Apartadó, Antioquia, 1983) y Vladimir Zambrano (Guayaquil, 1984). Auspicia el Gobierno de Chile, el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes y el Consejo Nacional del Libro y La lectura.

lunes, septiembre 22, 2008

XX poetas ecuatorianos del siglo XXI en la revista venezolana Letralia

La prestigiosa revista literaria electrónica venezolana LETRALIA acaba de publicar como Libro Digital la antología XX poetas ecuatorianos del siglo XXI. Muy pronto esta antología verá el papel impreso en el Ecuador. La selección va con un interesante prólogo de Fernando Iturburu, Escritor, Poeta y Profesor Asociado en el Departamento de Lenguas Extranjeras y Literatura, en la Universidad del Estado de Nueva York, en Plattsburgh. La selección brinda una breve muestra de poetas ecuatorianos (la mayoría con libros ya publicados) nacidos entre los años 1975 a 1987. Los autores provienen de diferentes rincones del Ecuador. La lista es la siguiente: Alex Tupiza (Quito, 1975), Javier Cevallos (Quito, 1976), David G. Barreto (Quito, 1976), César Eduardo Carrión (Quito, 1976), Rafael Méndez (Guayaquil, 1976), Siomara España (Manabí, 1976), Edison Lasso (Piñas, El Oro, 1977), Diego Cazar (Quito, 1977), Augusto Rodríguez (Guayaquil, 1979), Juan José Rodríguez (Ambato, 1979), Claudio Du Lac (Milagro, 1979), Miguel Antonio Chávez (Guayaquil, 1979), Alexis Cuzme (Manta, 1980), David Guzmán (Quito, 1980), Ángeles Martínez (Cuenca, 1980), Marcelo Villa Navarrete (Quito, 1981), Ana Minga (Loja, 1983), Víctor Vimos (Riobamba, 1985), Tyrone Maridueña (Guayaquil, 1986) y Carolina Patiño (Guayaquil, 1987-2007).

Fernando Iturburu
Associate Professor
Foreign Languages and Literature
State University of New York at Plattsburgh

Jóvenes poetas ecuatorianos: en busca de un nuevo compromiso literario

La literatura ecuatoriana, así como otras de América Latina, ha encontrado en los grupos literarios y las revistas los medios de expresión y debates de sus ideas. Muchas veces, estos han marcado el rumbo de lo que devendría en un membrete generacional. Cabe recordar la famosa Generación del 30, con su clara opción por el proyecto socialista y, en términos literarios, por la inclusión de obreros, campesinos y personajes de clase media, y el uso de un lenguaje a veces regional y crudo, aunque también con visos de lo que luego será llamado realismo mágico. Entre sus miembros más destacados encontramos a José de la Cuadra, Demetrio Aguilera Malta, Enrique Gil Gilbert, Gallegos Lara y Alfredo Pareja Diezcanseco. A otro nivel, Pablo Palacio, Jorge Icaza y Adalberto Ortiz. Luego de esta generación se experimentará un vacío en el panorama literario, el mismo que sólo veinte y treinta años después tratará de ser llenado con la aparición de grupos (Elan en Cuenca; Madrugada de Guayaquil) y con voces más individuales, de las cuales quizá las más conocidas sean hoy las de Jorge Enrique Adoum, Carlos Eduardo Jaramillo, Fernando Cazón Vera y Efraín Jara Idrovo.
Pero habría que esperar los años 60 y 70 para encontrar a una nueva generación aglutinándose bajo la bandera del socialismo latinoamericanista, de la escritura de compromiso social, del proceso de la Revolución Cubana y de la lucha anti-dictatorial y anti-militar, pues Ecuador vivió bajo estos regimenes en aquellos años.Así aparecen, La Bufanda del Sol en Quito y el Grupo Sicoseo en Guayaquil. Además, Tientos y Diferencias y Esferaimagen, entre los principales. De estos formarán parte escritores como Eliécer Cárdenas, Iván Eguez, Javier Ponce, Jorge Velasco Mackenzie, Abdón Ubidia, Fernando Nieto Cadena, Huilo Ruales, Esteban Michelena, Jorge Martillo, Fernando Balseca, Edwin Madrid, entre otros. Hacia principios de los 80, los grupos se habrán desintegrado y cada participante tomará su rumbo, el mismo que a veces estará marcado por la diletancia tanto individual como grupal, pues el contexto en el cual aparecieron había cambiado notablemente: en el plano nacional se había pasado a un régimen democrático, y en el plano internacional se viviría el fin del llamado bloque socialista europeo. En los 80, tanto la poesía como la prosa van a registrar algunos aciertos, como el de Pedro Gil, pero también un estancamiento expresivo por el gratuito oscurecimiento del poema so pretexto de universalidad. Habrá que esperar el inicio del nuevo milenio para que otra generación retome el legado cultural de sus antecesores y debata sobre las condiciones sociales y políticas y los principios que van a determinarlos.
De esta manera, vemos un resurgimiento e innovación de la literatura ecuatoriana a manos de jóvenes escritores que buscan establecer su propio discurso en la escena nacional, fuera de los encasillamientos y disputas que caracterizaron la historia literaria ecuatoriana. Así, a más de varios escritores jóvenes sin filiación, encontramos grupos nuevos, como Buseta de papel y Re-verso en Guayaquil y Machete Rabioso, Fe de erratas y Locomotrova en Quito, La esponja y La pileta en Cuenca o Noctambulario de Riobamba alrededor de los cuales se concentran decenas de jóvenes que, a la par que leen, escriben, publican y concursan en certámenes literarios, intercambian ágilmente información con otros grupos nacionales e internacionales. Ellos caracterizan también por un ágil fomento de actividades culturales, cosa inédita en la historia nacional, al menos en cuanto a la calidad e intensidad de las mismas, y por el rápido acceso a la era de la computación. Sus trabajos, como se apreciará más adelante, cuestionan la vida y el arte, pero con mayor desenfado y seguridad. Tienen un punto de vista político progresista y muchas veces un tono de rebeldía pero, al mismo tiempo, dan cabida a formas discursivas generalmente consideradas por el dogmatismo como extranjeras o baja cultura, como la música punk, la picaresca, el juego de palabras, cuestionamientos a las sexualidades hegemónicas, entre otros. Como toda generación, la actual se está haciendo, y sólo el tiempo dará el veredicto final sobre sus bondades y logros. Sin embargo, provoca entusiasmo ser testigo del surgimiento de sus voces en medio de las exigencias de la sociedad actual.

miércoles, septiembre 17, 2008

Bajo influencias

Por Andrés Emilio León Rodríguez

Últimamente he caído bastante por el siempre “cariñoso” Pobre Diablo y he podido escuchar de todo. Desde funk africano, pasando por jazz, rock y otros sabores que acompañaban el seco de chivo, los locros de papas y ciertos jugos naturales. Pero bueno, el otro día llegué tarde (para variar, saliendo de la oficina) y pude llevarme una grata sorpresa viendo una presentación distinta.

Alvear, Hidrovo y Napolitano... buenos tiempos por el 97


Había escuchado sobre Alex Alvear por Xavier Garzón y tenía referencia de su historia musical desde los tiempos de “Promesas Temporales” y “Rumbason”, allá cuando Quito era una luz repleta de experimentación y emociones encontradas avasalladoras.

Ahora que la cosa es más relajada (al menos, así lo siento en el plano de las ideologías) y encuentro más gente buscando su sonido, llegó Alvear, con familia incluida -su hijo Matías lo acompañó en el escenario- para presentarnos su propuesta: “Más turbados que nunca”.
De entrada se puso interesante la espera (que duró como una hora), mientras veíamos una pantalla que proyectaba imágenes de animaciones. El hermano de Alex, se había mandado un trabajo con muñecas gringas, tomas de los artistas y otros archivos de stock rendereados con cierta onda ácida.


Matías, Alex y el Ivis en la postal del Pobre Diablo


Luego llegaron los músicos y yo, que más o menos sé contar… me reía con sorpresa de ver 3 bajistas con sus instrumentos sobre el escenario: Alex, Matías y el Ivis Flies, que asomaban frescos para ver que mismo. Alex era el que soleaba. Matías jugaba con acordes medios y el Ivis le daba fuerza y sostenía los trastes inalcanzables de la parte alta del mango. Así era la repartición de los panes y sonaba interesante junto a los aderezos que presentaban el Gino y Pantera atrás, en la percusión que se turnaba a la muñeca inflable que llevaron para estimular visión y sonrisa.

A la derecha para variar, el gran pianista que veo en casi todos los conciertos: El maestro Mancero -como le llaman- , siempre muy rítmico y preciso. Atrás de él, golpeando y vibrando: Andrés Benavidez.

En medio de todo este desorden, pude descubrir la mención especial de la noche: Cristian Mejía. Con su pequeño kit de accesorios para un viaje (teclado midi y laptop incluida), fue el músico que le puso los mejores colores al asunto para acompañar el cuadro funkero. Muy buen gusto en la elección de sonidos, excelente programación de acompañamiento y muy Stevie Wonder en la tocada. Ese funk saltarín, de dedos esquizofrénicos que casi no tocan las teclas, sino que se las peñizca, como que se les hace cosquillas con las yemas para que el sonido salga distinto.

Cristian Mejia, en un solo de acordeón

La banda me recordaba mucho a la onda de discos experimentales de David Byrne. Pero los Alvear, con una clara influencia de la costa Este de los Estados Unidos (o del Imperio, como Alex suele llamarle), donde viven desde hace algún tiempo, nos presentaban algunas canciones inéditas y otros covers muy famosos llevados a la fusión tropical. Desde este punto, pasaron sobre el escenario una versión bien ácida latina de “Lucy in the sky with dimonds”, una “I can´t stop losing you” de muy buen gusto -con una afinada interpretación de Ivis Flies en los coros-, “Ultrafunk” de los Amigos invisibles con solo de un Alex inspirado y la bautizada “Gallina vieja da buen caldo” (Brick house, de la banda The commodores ) muy welcome to Miami.

El público feliz, escuchaba cada uno de los acordes mientras mezclaban las emociones con un poquito de sabor. Las mujeres con afro hermosas y el cantante africano Revelyno que se rompía el cuello en cada paso de baile. La sazón de los músicos se terminó metiendo en la cocina y finalmente un Matías Alvear honesto y desafiante a la vez, soltó un “esta canción es para bailar… ¡vamos párense, no sean tan serranos!”. Entre las risas y los “bobo ese hijuep…” la gente se fue soltando, despeinando y principalmente, desordenando de una manera hermosa, visualmente relajante, mientras parecía que el Gino golpeaba a los tambores de manera aspiracional, con ojos cerrados y posiblemente imaginando las nalgadas secas que pretendería dar a aquella muñeca inflable, repleta de silencio y suspiros en coros, seguramente más turbados que nunca.

Quito, 5 de septiembre del 2008





Padre e hijo jugando juntos el 21 de agosto del 2008



Alex tocando en la Plataforma del MAAC, en el 2002

lunes, septiembre 15, 2008

Novísima poesía ecuatoriana


DRUGOS DE LA NARANJA EDITORIAL (LA.KBZUHELA) Y K-OZ
ANUNCIAN
LA ANTOLOGÍA DE LA NOVISIMA POESÍA ECUATORIANA:
PREMONICIÓN A LAS PUERTAS
Estudio, recopilación y selección Freddy Ayala Plazarte
ANTOLOGÍA DE POETAS ECUATORIANOS
(NACIDOS A PARTIR DE 1979)

OSWALDO CALISTO RIVERA (CACHIBACHE)(1979-2000)
JUAN JOSÉ RODRIGUEZ (Ambato, 1979)
CARLOS LUIS ORTIZ (Alausí, 1979)
JUAN CARLOS ASTUDILLO (Cuenca, 1979)
AUGUSTO RODRÍGUEZ (Guayaquil, 1979)
CHRISTIAN ARTEAGA (Quito, 1979)
ROCIO SORIA (Quito, 1979)
JOHANNA LÓPEZ SANTOS (Quito, 1979)
Ma. de los ÁNGELES MARTINEZ (Cuenca, 1980)
DAVID GUZMÁN (Quito, 1980)
ALEXIS CUZME (Manta, 1980)
SANTIAGO VIZCAÍNO (Quito, 1982)
MARCELO VILLA NAVARRETE (Quito, 1982)
FERNANDO ESCOBAR PÁEZ (Quito, 1982)
DINA BELLRHAM (Milagro, 1984)
ANDREA SAMANIEGO (Quito, 1985)
VICTOR VIMOS (Riobamba, 1985)
CAROLINA PATIÑO (Guayaquil, 1987-2007)

PRELIMINAR

Es indudable, que ya a las puertas del siglo XXI, la poesía sigue vigente y que, curiosamente, sean nuevos autores quienes estén dando mucho que hablar de ella, ante la paradoja de contemplar un mundo saturado de guerras, de enfermedades, de tecnología e insalubres imágenes, que parecen contrastar con las realidades internas de los ciudadanos. La historia ahora se va forjando desde el quehacer cotidiano de cada persona con respecto a su espacio social, justamente es ahí donde la poesía y el poeta toman fuerza y continúan en un camino inacabable e inquebrantable, para dislocar la realidad, para ingresar a supurar en otra realidad, que parece caracterizar a estos jóvenes escritores.Conocer el tiempo en el que se vive, pero también valorar el tiempo antecesor de los hombres que dedicaron gran parte de su existencia a enriquecer la realidad mediante la escritura, es también parte de esta antología de una novísima generación de poetas. No vamos a nombrar grupos o autores, no recapitulemos generaciones que trascendieron el siglo anterior, las cuales constituyeron la proa de las manifestaciones estéticas y artísticas en el país actual: romanticismo, realismo social, decadencia y maldición modernista en los decapitados, vanguardismo (ruptura y novedad ante lo establecido), lo tradicional andino (paisajismo y montañas), tzantismo, hiperrealismo, son algunos de los términos que se han ido quedando como referentes, o como un registro de lo que hubo antes de nosotros. Mas, acaso no nos debemos también a estas tierras andino ecuatoriales, acaso no somos hijos del barro, aunque las calles, los edificios y el humo nos muestren nuevos rostros, nuestra esencia sigue ahí inamovible.
“Premonición a las puertas”, no se basa solamente en anti-convencionalismos que vienen manifestándose como parte de un gran malestar cultural contemporáneo ya sucedido en todas las grandes expresiones artísticas de cada época-, ahora recoge el discurso poético de un nuevo siglo, palabra fresca y lúcida, que busca trascender desde la misma tradición de la lírica ecuatoriana y explorar nuevas posibilidades de difusión en un mundo global.“Premonición a las puertas”, testimonia la penumbra y la luz, alberga la posibilidad dispersa de cada autor, el camino no está dado definitivamente, está siempre por encontrarse; mas es un aviso, una corazonada, una voz, un eco a las pasadas y futuras generaciones: un golpe a las aldabas, un dado que cae entre las esquinas del entendimiento. “Premonición a las puertas”, surge como una propuesta de valorar a la gente creativa y joven en su momento de eclosión, sin esperar que pasen dos decenios para reconocerlos, es decir, surge para ubicar la obra en su contexto social, para confabular con diversas poéticas y tendencias hasta poderlas desenmarañar en medio de la caótica lente del mundo actual.

sábado, septiembre 13, 2008

La voz habitada, siete poetas ecuatorianos frente a un nuevo siglo


Editorial Eskeletra y el Ángel Editor presentan el libro

LA VOZ HABITADA
Siete poetas ecuatorianos frente a un nuevo siglo

De los autores
MARIALUZ ALBUJA BAYAS (Quito),
ANA CECILIA BLUM (Guayaquil),
JULIA ERAZO DELGADO (Quito),
CARLOS GARZÓN NOBOA (Quito),
XAVIER OQUENDO TRONCOSO (Ambato),
CARMEN INÉS PERDOMO GUTIÉRREZ (Esmeraldas)
CARLOS VALLEJO MONCAYO (Quito)

La apreciación del libro estará a cargo de
LUCÍA LEMOS y JORGE DÁVILA VÁSQUEZ

Jueves 18 de septiembre, a las 19h00
en el Teatro Prometeo de la CCE (Av. 6 de Diciembre y Patria).

El libro contiene una presentación del poeta mexicano EFRAÍN BARTOLOMÉ, Premio Internacional de poesía Jaime Sabines; el prólogo fue escrito por el poeta uruguayo RAFAEL COURTOISIE, conocido escritor latinoamericano, ganador del Premio de Poesía Loewe y del Blas de Otero; el epílogo fue escrito por el poeta ecuatoriano radicado en Francia, RAMIRO OVIEDO. Contiene, además, un retrato de cada uno de ellos realizado por CARLOS GARZÓN NOBOA y un manuscrito de puño y letra de los autores.

martes, septiembre 09, 2008

Yo era una niña de siete años

Por Siomara España

Llegué prácticamente sin querer a esta novela, y fue como volver a esas lecturas fantásticas, con la diferencia de que en ella la cotidianidad y fantasía se amalgaman para fundirse en una obra de excelente codificación narrativa. Allí radica la novedad de Yo era una niña de siete años” (Interzona, 2005), del prolífico escritor argentino César Aira. A pesar de narrar en primera persona, hace que los hechos sean tan vívidos y vividos por el propio narrador-personaje (una pequeña princesa del reino turco de Vizcaya) como por el lector.

La niña nos da cuenta de su vida y “travesuras”, con un entendimiento tal de sus circunstancias, que mediante su palabra, frecuentemente nos va formulando paradigmas. Ese afán investigador y curioso, lúdico y cotidiano, establece talvez una nueva visión para los jóvenes escritores, mostrándonos por donde debe orientarse la actual estructura narrativa; pero más allá de estas percepciones, el libro nos recrea un mundo de ficciones con verdaderas sentencias filosóficas. Para la muestra un ejemplo: “toda la justicia que piden los hombres, es una rectificación de las palabras”. Asimismo en las páginas finales cuando la princesita es raptada por “hombres- chivos” y termina perdiendo su alma, el yo narrativo sigue sentenciando: “la felicidad es lo primero y lo último que se busca en la vida” o, “cuando me despojaron de mi alma… fue necesario construir otra leyenda con los retazos de la primera”.Ese poetizar desde la narrativa también es un punto recurrente en la novela, un subjetivismo tal, que anima a devorar la obra.

miércoles, septiembre 03, 2008

Giovanna Rivero, los flashes sobre Silvia y un sobrevuelo por Tukzón

Entrevistas "sin futuro"
Conversaciones con autores antologados en El Futuro no es nuestro (Narradores de América Latina nacidos entre 1970-1980)

Por Miguel Antonio Chávez



Giovanna Rivero (Santa Cruz, 1972).
Su obra incluye los libros de relatos Nombrando el eco (1993), Las bestias (1997, Premio Nacional de Literatura), Sentir lo oscuro (2002), Contraluna (2005) y Sangre dulce (2006); la novela Las camaleonas (2001); y el libro de cuentos para niños La dueña de nuestros sueños (2002). Cuentos suyos han aparecido, entre otras, en Pequeñas resistencias 3: antología del nuevo cuento Sudamericano (Madrid, 2005). Su último libro de cuento, Tukzon, historias colaterales, acaba de ser publicado. (Fuente: piedepagina.com)


A propósito de tus diversas temáticas, entre lo erótico en Las camaleonas (2001) y el desarraigo y la migración en Tukzón (2008), ¿qué has intentado escudriñar en ellas? Y si vale la pregunta, ¿en cuál de ellas te sientes más cómoda?
De Las Camaleonas estoy bastante desapegada debido al tiempo (la publiqué el 2001), pero también a nuevos intereses literarios. En Las Camaleonas quería narrar la intersección y contradicción de temperamentos femeninos. Fue un libro catalogado como "erótico". Este último, Tukzón, historias colaterales es, en palabras de la escritora chilena Lina Meruane, una novela-laberinto. Tiene en común con Las Camaleonas su fragmentarismo. En Tukzón me interesó explorar registros muy distintos en cada episodio, pero todos en función de una historia mayor de enajenación y viaje (que -sólo por efecto de la lectura secuencial- aparece como un fantasma o como un holograma). En Tukzón quise imitar a escritores que me gustan y hacerlos converger en mi ficción; por eso también esta contaminación del nombre de la ciudad original: Tucson.

De Bolivia, al igual que de Ecuador y Paraguay subsiste una suerte de desconocimiento general, en nuestra misma región sudamericana, sobre la producción literaria. ¿A qué crees que se debe? ¿Cómo está ayudando –si es que esto es así– este "boom" de antologías de jóvenes narradores a la difusión de la literatura boliviana?
Se debe supongo, entre otros factores, a que no contamos con circuitos editoriales -mecanismos de mercado, para llamarlo sin pelos en la lengua- que nos conecten, que propicien la generación de un público lector dispuesto a leer lo latinoamericano. Los esfuerzos que se desplegan desde lo alternativo alcanzan, en el mejor de los casos, a expandir el "exotismo" literario de cada ciudad o país, pero no aún para erigirse como una hegemonía. Por supuesto, otro factor igualmente culpable es la falta de autoestima. Es raro el joven escritor sudamericano que reconozca en su propia tradición una cuna. La mirada está puesta en otra parte. No nos interesa tanto conocernos como hacernos conocer por los queyasabemos.
Antologías como El futuro no es nuestro nos permiten aproximarnos a voces super contemporáneas, a hacernos un update bien necesario y a reformular nuestra percepción latinoamericana sobre el canon, sobre los que hacen el canon, sobre la puta y persecutoria idea de canon.

¿Cómo tomaste esa afirmación que tu coterráneo Edmundo Paz Soldán hizo en El boomeran(g), sobre que si tú fueras mexicana o argentina hace rato te habrían publicado Anagrama o Tusquets?
Es una verdad jodida. La boliviana no es una nacionalidad precisamente apetecida por quienes diseñan el mapa cultural para Hispanoamérica. De todos modos, sé que mi principal nacionalidad: la escritura, tendrá al final la última palabra. Soy hija de la literatura.

¿Te sientes en sintonía con bolivianos contemporáneos a ti como Hasbún o Barrientos?
Me gusta lo que escriben. Ellos se parecen más entre que sí que entre nosotros. Son más estrictos con su realismo minimalista, a mí me gusta acercarme un poco más a lo fantástico, que es donde encuentro las notas más desaforadas de la ficción.

Sangre Dulce, tu cuento antologado en "El Futuro no es nuestro", juega con la inocencia, el odio, pero nunca deja de perder la ternura de la infancia. ¿En qué se diferencia este cuento con Dueños de la arena (con el que ganaste el premio Tamayo en Bolivia) o los de tu reciente Tukzón?
Tenés razón, no se pierde la ternura, pues es un cuento que recrea la percepción infantil (obviamente con las tergiversaciones de la ficción). En el territorio de la infancia las cosas son puras, y con esto no estoy hablando de moral, no estoy diciendo que los niños no desarrollen sentimientos contradictorios y dañinos, sino que incluso esos sentimientos se sienten radicalmente, con pureza, casi instintivamente. Los niños no han sido domados por la educación sentimental. Dueños de la arena está en la misma línea, hurga en la memoria de la infancia, con la diferencia de que el filtro temporal, en el recuerdo de la mujer adulta, impone una lectura más "sucia", por llamarlo de algún modo.


Jojo was a man who thought he was a loner/
But he knew it wouldn't last/
Jojo left his home in Tukzón
, Arizona/
For some California grass/
Get back, get back, get back to where you once belonged

lunes, septiembre 01, 2008

Miguel Antonio Chávez, a la Feria del Libro de Córdoba 2008

El finalista del Premio "Juan Rulfo" 2007 de RFI e integrante de Buseta de papel, Miguel Antonio Chávez será el escritor ecuatoriano invitado a la Feria del Libro de Córdoba, Argentina, evento que se desarrollará desde el 4 al 22 de septiembre. Según la web de dicha Feria, están programadas más de 400 propuestas culturales, que incluyen tanto a la producción editorial, nacional y extranjera, como también al universo de textos que circulan dentro de los nuevos soportes digitales que habilita la red.
Como pocas veces, dentro de una feria internacional de libros, "entre las propuestas de países Latinoamericanos, el renglón más destacado pertenece este año a Ecuador". Como representantes del teatro, muestras musicales y documentales, estará el Ensamble Universitario Sin Preámbulos, dirigido por el maestro Carlos Ussher, que pondrá en escena, La casa del qué dirán de José Martínez Queirolo, Pipo. "Y como exponente de su literatura, desde la ciudad de Guayaquil llegará el escritor Miguel Antonio Chávez". Las ponencias de nuestro compañero tratará sobre la obra cuentística de dos destacados narradores ecuatorianos, Carlos Béjar Portilla y Santiago Páez, a la vez que hablará sobre la narrativa joven del país, tanto en la feria como en centros educativos cordobeses.

En dicha feria habrá autores como Federico Andahazi (presentando su último libro de ensayo
Pecar como Dios manda - La historia sexual de los argentinos) y Marcelo Birmajer (quien desembarcará desde Buenos Aires con su programa Café Cultura Nación, y con una charla sobre narrativa).












Antes de llegar a Córdoba, Miguel Antonio tendrá previsto llegar a Buenos Aires, donde está por confirmarse un conversatorio sobre narrativa contemporánea latinoamericana con los cuentistas Oliverio Coelho, Gabriela Bejerman y Mariana Manrique, con quienes apareció en la antología latinoamericana "El Futuro no es nuestro"